Hacía demasiado frío fuera como para que ese lúgubre bar no fuera una buena opción.
Las lágrimas que jamás saldrían de sus ojos se congelaban dentro de ella. Era una mujer mucho más bella por fuera que por dentro, los golpes del pasado habían forjado un orgullo que llevaba tatuado debajo de la piel y guiaba cada uno de sus movimientos.
Juró que nadie la volvería a dañar y con esto en la mente, cruzó la puerta.
Para su asombro no había nadie en el bar.
La joven estaba muerta en vida, mirando el lugar donde años atrás asesinó a aquel que tuvo su corazón.
Ahora recordaba por qué existía en ella ese odio que la encadenaba a los grilletes de la vida... la joven se suicidó con la imagen en su mente del momento en el que le conoció.
Aquel hombre al que odiaba fue al que dedicó su último pensamiento. Se odió tanto a sí misma que jamás pudo descansar en paz, pues solo quería volver a matarle
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