Son las 12 de la noche, tengo 38 de fiebre, sin causa aparente, mis defensas han decidido rendirse justo hoy...el peor día de todos.
Quiero escribir alegre, lo juro, pero no puedo.
Mi mente va y viene de un lado para otro, esto es insano, es febril.
No se que está más enfermo si mi mente o mi cuerpo.
Mi mente desea echar al causante de todos mis males, pero echarle sería una muerte en vida.
Quiere ser libre, disfrutar de la juventud, pero me cortan las alas de nuevo.
Esas que me tejí en mi soledad y que ahora me roban en compañía.
Qué curioso. No sabía que enamorarse podía llegar a ser sinónimo de encarcelarse.
Nadie me obliga a seguir viendo esos preciosos ojos, sin embargo, no puedo dejar de hacerlo...pero...
Una llamada a las 2 de de la madrugada: me insulta, me acusa de haber estado con otras personas, de haber jugado con el, esta borracho. Había salido cuando me dijo que estaba durmiendo en casa.
Todo es mentira, nos quieren hacer daño. Quieren verme sufrir.
No quiere escuchar la verdad, quiere creerles.
¿Cómo interpreto la llamada?
Podría echarle de mi lado por su obsesión, por insultarme, por no creerme, por dudar de mi y por mentirme... o quizá debería interpretarlo como un gran error que te hace pensar lo que pierdes y todo lo que debes cambiar y sacrificar.
Me gustaría dormir eternamente, no dejar que mis pensamientos agonicen dentro de mi.
Quiero una cura para la mayor enfermedad que existe: la traición.
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